miércoles, 2 de febrero de 2011

Historias del debate: los estudiantes de periodismo desaparecidos en 1976

Raquel Moretti y Aldo Casadidio eran compañeros de facultad y se los llevó el Ejército. Tenían 27 y 31 años, respectivamente

DANIEL CALIVARES daniel.calivares@elsoldiario.com.ar

    Raquel Moretti y Aldo Casadidio eran amigos. Estudiaban juntos en la Escuela de Periodismo e igual que muchos alumnos de ese lugar fueron secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura militar. Las desapariciones de ambos forman parte de las 18 causas que se analizan en el juicio por delitos de lesa humanidad que se está llevando adelante en Mendoza. Sus casos tienen como único imputado a Tamer Yapur, luego de que se separara del debate a Luciano Benjamín Menéndez y de que falleciera el año paso Orlando Oscar Dopazo.

PERIODISTAS. El periodismo fue un actor conflictivo para la dictadura militar. Hubo muchos trabajadores de prensa que sirvieron para hacer propaganda a la dictadura, y algunos que, incluso, actuaron como informantes. Los hubo del otro lado también, aquellos que, por ejercer su tarea, fueron detenidos, torturados y, en algunos casos, desaparecidos. En Mendoza, los militares no sólo cumplieron con esas dos características respecto del periodismo, sino que también fueron sobre aquellos que estudiaban para convertirse en periodistas y así fue como desaparecieron algunos estudiantes en 1976 y otros en 1978, en vísperas del Mundial que consagraría a Argentina como campeona del mundo por primera vez, tras un torneo lleno de sospechas.

     Son justamente los casos de 1976 los que forman parte del debate. Se trata de las desapariciones de Raquel Moretti y Aldo Casadidio, de 27 y 31 años, respectivamente. Según consta en el expediente judicial, Moretti había trabajado en el Ministerio de Economía antes del golpe de Estado, sin embargo, en los primeros meses de 1976, tras haber renunciado, huyó a San Juan, ya que debido a su militancia montonera se sabía perseguida. Incluso, una orden de captura se había labrado contra ella. En la provincia vecina vivía con tres amigas y se comunicaba cada tanto con su familia, pero ellos con ella no, porque la joven prefirió no exponer a sus cercanos. Durante el tiempo que ella permaneció en la vecina provincia, un grupo de personas del Ejército se presentó en la casa de sus padres para saber de ella y al decirle sus padres que no se encontraba, el grupo de tareas decidió llevarse una foto de la joven y una máquina de escribir que había en la vivienda. En abril del 76, uniformados –quizás los mismos– se presentaron en la casa del hermano de Raquel, Horacio. Revisaron la vivienda, decidieron hacer una vigilancia y, tras pasar una hora y media, se fueron. EL REGRESO. Raquel no duró mucho en San Juan, a fines de 1976 la joven regresó en muy mal estado a Mendoza, sin documentos y solamente con lo puesto, ya que habían intentado secuestrarla en la vecina provincia.

EL FINAL. Una vez en Mendoza, la joven se alojó primero en la casa de un familiar cerca de la Terminal de Ómnibus, pero, a los pocos días, apareció Aldo Casadidio y le ofreció, a través del padre, alojamiento en su casa. La oferta fue difícil de rechazar, el lugar donde vivía Casadidio, en la calle Lugones de Ciudad, era tranquilo, y el padre de Raquel y ella misma consideraron conveniente aceptar el ofrecimiento del joven. No obstante, antes, el padre de Moretti le ofreció a su hija irse del país, pero esta rechazó esa posibilidad. Una vez alojada en lo de Casadidio, quien vivía solo, la joven pudo pasar varios días en una aparente tranquilidad. Según consta en el expediente, el 4 de diciembre, Casadidio y Horacio Moretti se reunieron para que este último le entregara dinero y ropa para Raquel. En esa cita programaron otro encuentro para los días posteriores. Entonces, ninguno de los dos suponía que jamás se concretaría, pero en la segunda cita solamente Moretti se presentó en el lugar donde habían quedado.

    Al principio hubo temor de parte de los Moretti, pero no pensaron en un secuestro, sino en que, por precaución, Aldo Casadidio y Raquel se habían trasladado de lugar. No obstante, la preocupación se les notaba y tanto el padre como el hermano de Raquel comenzaron a pasar continuamente en auto por la puerta de la casa de Casadidio, aunque siempre la encontraban cerrada. Al poco tiempo, una tía de la chica fue hasta el domicilio y, al preguntarles a los vecinos, estos le comentaron que unos días antes había existido un operativo del Ejército en el domicilio de Aldo, que habían cerrado la calle y que, extrañamente, después de ese día, la casa había empezado a lucir desocupada. A partir de ese momento, los familiares de Raquel comenzaron a llamar diariamente por teléfono a la casa de Aldo, hasta que en una oportunidad el teléfono por fin fue atendido.

     Del otro lado del aparato se encontraba Nilda, la hermana de Aldo, quien les contó lo poco que había averiguado por comentarios. La noche del 7 de diciembre, un grupo de personas encapuchadas entró a la casa del joven. Al otro día, un vecino llamó para avisarles que la puerta de la vivienda se encontraba abierta y, al llegar el marido de Nilda a la casa, encontraron todo desordenado y el documento de Aldo en el piso. Nunca más se supo de ellos. Incluso, la tía de Raquel intentó hacer averiguaciones y recibió en varias oportunidades amenazas telefónicas en las que le decían que dejara de buscar a su sobrina, porque podía correr la misma suerte.
Los buscados por la dictadura

    Casadidio, quien trabajaba en la revista Claves, y Moretti, no fueron los únicos estudiantes de periodismo en desaparecer. También entre las víctimas de la dictadura se encuentran Virginia Adela Suárez, Daniel Moyano, Billy Lee Hunt, Raúl Reta y Amadeo Sánchez. Además, hubo periodistas que desaparecieron, como Santiago Illa, y otros fueron secuestrados, como Rafael Morán y Antonio Di Benedetto.

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